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Desde que tengo memoria he sido una líder del Planeta Madre. Desde que tengo conciencia he comandado ejércitos y conquistado varios mundos con el fin de cumplir las órdenes de Blanco. Y nunca es suficiente para ella. Sus exigencias hacen que cada día me quiebre, aunque sea un poco. Al menos, a mí no me afecta tanto como Azul. Es tan débil con su razonar melancólico. ¿Es eso una buena líder? He visto cómo ella aún conserva todo acerca de Rosa. Solo está sumida en sus recuerdos sin tener la capacidad de seguir adelante. Aunque es hipócrita por parte mía decir esto de ella siendo que soy la responsable por la destrucción de Rosa. Sabía que era una mala idea darle la Tierra como colonia, y por mí... por mi error es que tuvo este trágico destino.

Con cada segundo que pasa y cada gema que hago sufrir... mi sed de venganza no se calma; solo aumenta mis ganas de destruir la Tierra, que desaparezca del mapa. Miré hacia un lado, con una mano en mi mentón: a la derecha estaban las gemas que perturbaron mi corte fusionándose... y no quisieron disculparse por ese "tabú". Por otro lado estaban esas gemas que cuestionaban mi autoridad, y que se sospechaba que eran las rebeldes, que eran las que acompañaban a Rose Cuarzo en su cometido.

Estaba sentada en la silla de mi cámara de burbujas. Contemplé el solitario y trágico escenario de todas esas gemas encapsuladas. Aunque admito que era tranquilo.

Suspiré.

Era cuestión de segundos que mi tranquilidad acabase. ¿Por qué? Azul entró. Lucía horrible; tan descuidada, tan... débil.

Me habló con su voz quebrada, la interrumpí; levantando mi mano.

— ¿Otra vez llorando, Azul? — dije, manteniendo distancia para no soportar otro de sus numeritos.

— Es solo que...

Pfff, estuvo divagando.

Antes de escuchar sus quejas la ignoré, mirando hacia otro lado. Siempre es escuchar lo mismo de: "Ojalá que Rosa estuviera aquí, con nosotras"; "La necesito cada vez más".

— ¿Tienes idea que siempre es llorar por lo mismo, Azul?

— Pero, Amarillo...

Levanté mi mano otra vez, para interrumpirla.

— ¿Por qué no puedes dar el ejemplo que un buen líder no tiene que estar mirando el pasado?

Me pregunto qué diría Blanco si viera cómo una diamante quebró tan fácilmente. Y no literal como pasó con Rosa, sino el cómo Azul se ha vuelto tan débil.

Oh, espera. Ya sé qué diría: "Cree que necesita a Rosa". Básicamente, lo mismo que anda gimoteando a cada rato.

Vi cómo Azul agachaba su cabeza, como decepcionada de mí. Se fue.

Finalmente, estoy tranquila. Otra vez.

En cierto modo, siento remordimiento por haberla tratado así. Solo quiere desahogarse, está bien... Pero es una diamante, una líder. ¡Tiene que dar el ejemplo!

— ¡Maldita sea! ¿Por qué también yo soy tan débil cuando se trata de ella?

Puse una mano en mi rostro, estaba fastidiada. Salí en su busca. La veo capaz hasta de ir a llorarle a Blanco... llorar porque ya nada es como antes entre nosotras.

A veces añoro aquellos momentos donde pasábamos el rato en la cámara de extracción que tiene Azul.

Rosa en el fondo de aquella vasta piscina repleta de un bello pero melancólico líquido celeste... Agua. Eso es; agua.

En mí resonaba una voz diciéndome que algo no estaba bien; algo no iba a terminar bien.


No. No es por el hecho que Azul empeore con cada segundo que pasaba. Blanco no iba a tolerar que una diamante fuera... imperfecta. Así es cómo nos dice Blanco cuando hacemos algo mal; im-per-fec-tas. Sus exigencias cada vez son peores. Me asfixian.

Bufé.

Ya me estoy cansando de seguir cada exigencia para que Azul, con su melancólico pensar, eche para atrás todo.

Hasta yo, Diamante Amarillo, puedo ser débil...

... pero no lo acepto. Soy totalmente intransigente.

Conociendo a Azul, sé que estará rondando por la sala del trono de Rosa.

... ah...

Algo me dice que no vaya, otra parte de mí dice que sí.

Y, sin embargo, hice caso omiso a aquella parte que decía que no vaya, que era una pérdida de tiempo.

Y allí estaba ella.

Azul... Estaba sufriendo.

Mirando hacia arriba, hacia las cuarzos rosas que están encapsuladas...

Ella, anhelando con sumo pesar que Rosa vuelva. Pero sabe perfectamente que con llorar no se consigue nada.

— Dime que esto es una broma. ¿Acabas de irte y ya estás de regreso? — dije, fastidiada. Di una estelar entrada para sorprender a Azul —.

— Amarillo, ¿qué estás haciendo aquí? — dijo, sorprendida.

— Estoy aquí para bajarte de las nubes, Azul.

Y así fue. Ella llorando por Rosa... Suplicando que la dejemos sola para que siga sufriendo y afectándonos. Preocupándome.

— Azul...

Mantuve una breve pausa.

— Han pasado miles de años, Azul. ¿Aún no te atreves a destruir todas estas gemas? — me acerqué mezquinamente hacia ella, puse mis brazos detrás de mi espalda. Una posición que denotaba firmeza —. Fue destrozada por un Cuarzo Rosa; y todo ese grupo de gemas merece el mismo destino...

Apreté el puño.

— El destino de ser solo unos insignificantes pedacitos, y que sirva de advertencia para las demás gemas si llegan a intentar hacer el mismo acto estúpido que cometió Rose Cuarzo.

— Pero, Amarillo. ¡Eran de ella!

— Ya dije que deberían ser exterminadas; no mantenidas en cápsulas.

Es terca. Necia. Siempre sumida en la profunda melancolía y el vacío que la consume cada día.

Pero no la culpo. Su mejor amiga fue destruida por una gema, y el hecho que fuera destruida significa que nunca podrá volver a verla... y solo quedan los coloridos recuerdos que dan alegría momentánea a alguien que ve todo de una forma lamentable.

Azul estaba arrodillada, sufriendo. Me agaché frente a ella para tomar sus manos.

¿Triste de qué sirve...

Triste de qué sirve...

Triste de qué sirve...

... estar?

Ambas lloramos. Y con este momento trágico...

... ambas seguimos extrañando y anhelando a Rosa.

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