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Cuando llegué a ese pequeño lugar, nunca pensé que consiguiera tener por lo menos una comitiva, o alguien que no se apartara de mí por la timidez que emanaba siempre; los amigos que conocí ahí tenían unas cualidades que salían de cualquier esquema mental que hubiese tenido, con sus pieles coloridas y sus transformaciones fisiológicas. Incluso empaticé con una delgada chica de piel lívida, con la que estuve codo a codo luchando para proteger a las personas que más quería, especialmente al Chico Lunar, con su aura rosada. 

Pero en mí, aunque no lo demostrara, había una incesante ansiedad sobre los sucesos del mañana; piénselo bien... una chica atenta a los detalles, y con miedo al fracaso, lo único que podía hacer para sobrellevar eso era cumplir con los parámetros que habían puesto mis padres sobre mí, queriendo una adolescente impoluta. 

Mi esencia como persona nunca desapareció, pero tuve la espina de no poder abrir mis alas por años... tal vez 12, incluso; los libros, la música y el deporte pensé que llenarían un gran vacío que sentía dentro de mí, que buscaba algo más que cuestiones académicas. Quería sentir un brazo que abrazara mi alma, que acogiera todos mis nervios con respecto al mundo.

Sí que soy una mujer centrada en lo suyo, con múltiples capacidades, orientada a seguir lo que creo, es mi proyecto de vida; y aunque Steven había logrado romper un poco de esa coraza, me sentía frustrada, aislada de una etapa importante en mi desarrollo. Ahora que veo cómo todo va terminando, y cada quien yendo por su camino, no me queda más que tomar las riendas, caminar por vericuetos que, con suerte, sortearía con algo de apoyo por parte de mis amistades. 

Surgen ante mí miles de dudas relacionadas a un presente que no ha pasado, o que nunca pasará, y no puedo evitar pensar que solo soy útil cuando estoy ayudando a alguien más. Intento archivar las ideas negativas que vienen, mas cuesta en una persona cuya razón de vivir es el pensar en forma de bucle.

En los entrepaños de mi cabeza, no quedan más que recuerdos dulces de Las Gemas, demostrándome que no solo ellas poseen un brillo innato... Yo también emano uno, a mi modo, diáfano como el mar.

Y mientras los minutos pasan, el albor de una nueva etapa se va aclarando para mí, obligándome a tomar decisiones complejas, como abandonar las conversaciones en físico con mi querido Steven, y tal vez, atenerme a recibir ciertos comentarios duros de mis compañeros universitarios.

Lo último que tengo que hacer, es subir por la pilastra cristalina que tengo ante mí, y abrir la claraboya que me muestra un destino brillante.

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